Autor: Miguel Otero Silva
Título: La Frase de Rómulo no es una Presentación de Candidatura Presidencial
Fecha: 29-09-1976
Publicación: El Nacional
Género: Entrevista


REINALDO LEANDRO MORA RESPONDE A UNA PREGUNTA CARDINAL

Betancourt ha sido en toda circunstancia respetuoso de las decisiones de las mayorías

El educador y dirigente de AD no cree que llegue a realizarse un frente único de oposición AD -dice- ganará las próximas elecciones por un margen superior al obtenido en 1973

El desgaste que pueda atribuírsele al gobierno es en gran parte fruto de las expectativas que genera la actual bonanza económica, expectativas que no pueden ser satisfechas en su totalidad

Nuestro pueblo se inclina hacia personalidades fuertes pero no violentas

-¿Consideras tú que las palabras del expresidente Betancourt en el aniversario de AD significa, explícitamente o implícitamente, un pronunciamiento a favor de la candidatura presidencial de Luis Piñerúa Ordaz?

Es esa la pregunta cardinal para Reinaldo Leandro Mora, a quien se ha considerado desde hace varios años como un potencial candidato de Acción Democrática a la Presidencia de la República. Fue precandidato en las elecciones pasadas, hasta que la convención del partido se decidió finalmente por Carlos Andrés Pérez. Leandro Mora puede ser definido como un educador que ascendió paso a paso desde maestro de grado hasta ministro de Educación. Ostenta la cifra récord de haber desempeñado 22 veces la cartera de Relaciones Exteriores, bajo los varios gobiernos de AD. También fue ministro del Interior y encargado de la Presidencia de la República cuando Raúl Leoni viajó a Punta del Este. Nunca ha dejado de pertenecer a los máximos organismos de AD y llegó a desempeñar el alto y riesgoso cargo de secretario general adjunto, en la clandestinidad, siendo Leonardo Ruiz Pineda el secretario general. Goza de un elevado prestigio dentro de Acción Democrática y también en muchos sectores extraños al partido. Le repetimos la pregunta cardinal y la responde con reposada serenidad:

-La manifestación de confianza (muy merecida por cierto) dada por mi ilustre compañero Rómulo Betancourt a nuestro secretario general Luis Piñerúa Ordaz, constituye un hecho perfectamente natural dentro de nuestra organización. Es una distinción más para quien tiene merecimientos que el partido nunca le ha regateado. Entender esa frase de Rómulo como una presentación de candidatura presidencial sería incorrecto, o podría tomarse como una interpretación encaminada a estimular disensiones intestinas que no existen en AD
Se detiene un instante y añade:

-Es preocupante, por otra parte, que la normal evolución de las candidaturas presidenciales se vea alterada por impaciencias o pugnacidades cuyos resultados pueden no ser ejemplares para la comunidad.

Vuelve a detenerse y concluye:

-No olvido un instante, y nadie debe olvidarlo, que Rómulo Betancourt ha sido el gran Arquitecto de la democracia venezolana, que ha hecho de ella su conducta de vida, que en toda circunstancia ha sido respetuoso de las decisiones de las mayorías. Toda intervención de su parte en el seno del partido y fuera de él será, sin duda de ninguna especie, para afirmación de su voluntad democrática.

-Mucha gente dice que AD se ha desgastado por los errores y las dificultades del actual gobierno, que su influencia electoral ha disminuido de tal forma que, lejos de ganar las próximas elecciones, corre el riesgo de perderlas. ¿Cuál es tu opinión?

-No creo de ninguna manera en el deterioro de la imagen del gobierno que alguna gente te ha dicho a ti. Por el contrario, esa imagen se mantiene y mejorará en los próximos años. El desgaste que pueda atribuírsele al gobierno es en gran parte fruto de las expectativas que genera la actual bonanza económica, expectativas que no pueden ser satisfechas en su totalidad. Pero cuando los venezolanos vayan a decidir el futuro de la nación en las próximas elecciones, procederán sobre criterios más serios que el deporte nacional de hablar mal del gobierno.

Toma aliento para ampliar sus conceptos:

-Soy un convencido de la madurez política del pueblo venezolano. Por eso confío en que su próxima decisión electoral será una evaluación de la labor realizada por el gobierno de Carlos Andrés Pérez. El programa "Acción de Gobierno" presentado en las pasadas elecciones se ha cumplido en gran parte, aunque aún faltan dos años de gestión. Se han nacionalizado el petróleo y el hierro que eran viejas aspiraciones de este pueblo. La forma cómo se cumplieron esas nacionalizaciones son un ejemplo de cómo pueden las naciones reivindicar sus derechos dentro de la estructura democrática y bajo la paz social. Agrégale a eso que ha aumentado la capacidad de producción del país y el bienestar de la gran mayoría de los venezolanos. En el año de 1975 el producto interno bruto, de acuerdo a las cifras del Banco Central, aumentó en casi un once por ciento, desbordando las cifras de los años anteriores. El esfuerzo hecho en la agricultura ha dado por resultado que el producto del sector agrícola se eleve en más de un ocho por ciento, cifra alta para cualquier país. En la manufactura hay un crecimiento de más del doce por ciento. Pero, más allá de las cifras, la labor económica del gobierno se expresa en el alto nivel de empleo y en el auge de todas las actividades económicas, hechos apreciables por cualquier ciudadano.

Ya lanzado en su análisis elogioso de la labor de CAP, nadie lo detiene:
-La obra del gobierno no se ha limitado a lo puramente económico. En el área social se han hecho grandes avances, como también en los programas educativos con una cobertura mayor de la educación a todos los niveles. También deben destacarse los programas de acueductos, cloacas y, en general, de saneamiento hídrico. Es bueno subrayar el establecimiento, por primera vez en Venezuela, de un salario mínimo. El aumento de sueldos y salarios que se realizó en el año 74 expresó un deseo del gobierno nacional de elevar las condiciones de vida del pueblo venezolano. A través de las modificaciones de la Ley del Trabajo, los trabajadores han obtenido una serie de beneficios, entre los cuales cabe destacar la estabilidad laboral, la calificación de las prestaciones como derecho adquirido y la obtención de intereses sobre esas prestaciones. Finalmente, la creación del Fondo Agropecuario, del Fondo de Desarrollo Industrial, del Fondo de Desarrollo Urbano y los créditos para la pequeña y mediana industria, comenzarán todos a dar resultados a corto plazo, demostrarán que el país ha entrado en una franca política de desarrollo.

Sonríe satisfecho y remata:
-Falta mucho, pero no tengo intenciones de apabullarte. En lo internacional, la imagen lograda por Venezuela en el exterior, y particularmente en países de menor desarrollo, suscita el elogio general. Nuestro país, sin aspiraciones a un liderazgo absorbente y segmentador, ocupa un lugar de respeto y admiración que no tenemos por qué ocultar. Espérate un momento. Otra iniciativa que desborda toda ponderación es el gran esfuerzo que realiza nuestro gobierno en materia de formación de recursos humanos mediante el programa de becas Gran Mariscal de Ayacucho, tal vez la iniciativa más ambiciosa y feliz que en ese campo pueda exhibir la historia de los pueblos latinoamericanos. Nada lograríamos con promover monumentales planes de desarrollo, si no se cuenta con el hombre capaz de realizar tales empresas. Esta sola preocupación bastaría para justificar un quinquenio de gobierno popular. Despreocúpate, AD ganará las próximas elecciones por un margen superior al obtenido en 1973.

-¿Y no le temes a la posibilidad de un frente único, entre el COPEI y las izquierdas, para dar la batalla al candidato adeco?
-En algunos sectores políticos se habla de una alianza como la que tú indicas. El hecho mismo de que esa posibilidad se anuncie y anuncie, constituye una prueba ostensible de la limitada fuerza electoral de COPEI, a quien se le asigna justamente la primera opción opositora..., pero necesita apuntalamiento. La opinión pública vería, en el caso de darse la tentativa de unidad mencionada, un desesperado recurso de ayuda buscado por los que se saben ya derrotados. Por otra parte, no creo que tal matrimonio llegue a producirse. El MAS, que parece ser la fuerza de izquierda más numerosa, ha repetido no sé cuántas veces que llevará candidato propio a las próximas elecciones. Es curioso que ante una realidad tan evidente, sea el propio presunto candidato de COPEI quien aparezca como abanderado de una tesis que está destinada al fracaso.

-A tu juicio, ¿qué actitudes de un candidato le restan más votos en Venezuela, y cuáles le aportan más?

-Tu pregunta equivale a la formación de un diagnóstico en torno a la antropología del venezolano y a su perfil sicosocial. Con ser muy complicada la respuesta, quisiera expresarte algunas opiniones al respecto.

Leandro Mora nos ofrece un whisky y prosigue:

-Pienso que el venezolano medio es un ser profundamente sociable, de arraigo optimista. Es también, por lo común, un ser de respuesta pronta e inteligente. Acaso su signo más expresivo sea su desbordante generosidad, quizás por el hecho históricamente cierto de que a nosotros se nos han dado los éxitos y las comodidades por obra de circunstancias ajenas a nuestro esfuerzo y a los desvelos del trabajo diario y creativo. En todo caso me quedo con las gentes generosas, nunca con las mezquinas y egoístas. Es una lástima que poseyendo tan notables características, el venezolano sea al mismo tiempo un pueblo que tiene mucho que recorrer para alcanzar objetivos todavía pendientes. Quizás por esta razón, el venezolano rechaza las actitudes agresivas que hacen del gesto brusco y de la acción tajante una virtud de comportamiento. Es posible que tal conducta en un político encuentre seguidores. Pero en el común de los venezolanos, independientemente de partidos, puede producir resistencia. Obviamente la agresividad no debe confundirse con la firmeza de carácter ni con la entereza de las convicciones que se sustenten. En resumen, considero que nuestro pueblo se inclina hacia personalidades fuertes, pero no violentas; hacia hombres austeros y responsables, no hacia los inestables y caprichosos; hacia los que respetan a sus adversarios en los hechos y en las palabras, no hacia los que incurren en el improperio elemental y degradante.